"Harry Potter no debe regresar a Hogwarts este año".
Continúa mi repaso a la saga del mundo mágico de J. K. Rowling con la segunda entrega, Harry Potter y la Cámara Secreta, película que mantiene una línea continuista respecto a su predecesora. En esencia, me parece una mejor película que La Piedra Filosofal. Creo que coge todo lo que funcionaba en ella, y lo amplía y mejora, aunque la mayor parte de lo que no funcionaba, sigue ahí.
La película arranca, cómo no, con Harry pasando el verano en casa de sus tíos. Mientras está en su cuarto, aparece el adorable Dobby, un elfo mágico que le pide que no vaya a Hogwarts este año, porque cosas terribles están a punto de pasar. Pese a las advertencias de Dobby, Harry acaba acudiendo al colegio mágico, rompiendo varias leyes mágicas por el camino. Una vez allí comprobaremos que el pequeño elfo estaba en lo cierto, cuando se abre una habitación secreta, oculta bajo el castillo, llamada "la Cámara de los Secretos", que libera a una bestia que deja un rastro de cuerpos petrificados a su paso.
"Enemigos del heredero, temed".
Chris Columbus repite en la silla del director, tras su conservador trabajo en La Piedra Filosofal. En esta ocasión, podemos ver a un Columbus más cómodo, y más relajado que en el anterior filme, sin importarle tomar más riesgos visuales. Decide adentrarse en el territorio del cine de aventuras, con secuencias que recuerdan a algunas escenas de la saga de Indiana Jones, e incluso llega a jugar con el género del terror: frases pintadas con sangre en las paredes, terroríficas arañas gigantes en el interior del bosque oscuro, Harry siendo atacado por el basilisco... Columbus disfruta poniendo en tensión al espectador. La película evoluciona respecto a la anterior, adoptando un tono más oscuro y peligroso, que con cada película de la saga irá aumentando y haciéndose más evidente.
El diseño de producción de Stuart Craig vuelve a ser maravilloso. Hogwarts se convierte en un lugar bello y misterioso, dando más sensación de realismo. El mundo mágico se expande, y tenemos nuevas localizaciones perfectamente diseñadas, y construidas. Borgin y Burkes es inquietante, la Madriguera (hogar de la familia Weasley) es acogedora, y encantadora, y el despacho de Dumbledore es imponente. Pero sobre todo hay que destacar el impresionante escenario construido para la Cámara de los Secretos. Un lugar majestuoso que pone los pelos de punta, en el que tiene lugar el clímax de la película.
"Su esqueleto yacerá en la cámara para siempre".
El guión vuelve a estar escrito por Steve Kloves, y es prácticamente un calco del primero, salvando las diferencias entre ambas historias. La estructura es la misma, y una vez más, estamos ante un libreto de ritmo lento, y muy fiel al libro original. En este aspecto, juegan sobre seguro, y crean un guión capaz de contentar (de nuevo) tanto a los fans de la saga, como al público general. Esta entrega nos muestra un peligro mucho más grande, capaz de poner en peligro a toda la escuela de Hogwarts, lo cual es interesante. Aún así, creo que el guión empeora respecto a la anterior película, ya que este parece más un episodio de ciento sesenta minutos (¡guau!), que una película por sí misma, como era La Piedra Filosofal.
Una vez más, lo mejor de la película es el reparto. La mayoría del mismo regresa para esta película, y además, tenemos un par de fichajes interesantes: Kenneth Branagh (Mucho ruido y pocas nueces), que realiza un excelente trabajo interpretando al carismático pero repelente Gilderoy Lockhart, y Jason Isaacs, como el imponente Lucius Malfoy (El patriota), un personaje muy interesante, del que sabremos más en futuras entregas. Del reparto que regresa de la anterior película, quiero darle especial mérito a Emma Watson, que mejora su interpretación de Hermione, y nuevamente a Alan Rickman, nacido para interpretar a Severus Snape. Richard Harris tiene aquí su última aparición en la gran pantalla.
"¡Nunca me atraparás, Potter!"
El quidditch vuelve a aparecer como uno de los aspectos más destacados. La secuencia es más larga, peligrosa, y personal, dado que enfrenta a Harry con su mayor enemigo dentro del colegio, Draco Malfoy. Seguro que Daniel Radcliffe (Potter) y Tom Felton (Malfoy) se lo pasaron en grande rodando esta escena vibrante en la que deben atrapar la snitch dorada, mientras esquivan los obstáculos que tienen en el camino, y son perseguidos por una bludger hechizada. Sin duda, gran trabajo de los responsables de producción y de efectos digitales. Esta escena de quidditch sirve también para darnos una escena de humor protagonizada por Gilderoy Lockhart, en la que éste intenta arreglar el brazo que Harry se ha roto. Aunque no aporta prácticamente nada a la trama, ver los partidos de quidditch es uno de los alicientes de esta saga, y se acaban echando de menos si no aparecen en la película.
Dos escenas novedosas para la saga, y que merecen especial reconocimiento, son el ataque de las arañas en el bosque, y la batalla final contra el basilisco. Presentan segmentos de acción intensos y llenos de tensión, en los que se ve más suelto y relajado al director, especialmente, en la batalla final. Todo ello acompañado por otra impecable banda sonora de John Williams, que utiliza tanto temas presentes en la anterior película, como otros nuevos.
"Expelliarmus".
En conclusión, se puede decir que Harry Potter y la Cámara Secreta juega en la misma liga que la película que le precede. Comparte estructura, tono, cinematografía, aciertos y fallos; sin embargo, se nos muestra un mundo mágico más grande y creíble, dando también una mayor sensación de peligro y misterio. Ésto hace que sea ligeramente mejor que La Piedra Filosofal. Columbus no regresaría para dirigir la tercera película de la saga, lo cuál resultó ser afortunado para la misma, pues El Prisionero de Azkabán muestra una clara mejoría sobre las dos primeras, en parte, gracias al soplo de aire fresco que trae su director. Pero todo ésto lo leeréis en su entrada correspondiente. ¡Un saludo!





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